Los derechos laborales no nacen del sindicato ni dependen de la afiliación a uno u otro.
Están establecidos en la Ley y son otorgados por el Instituto.
El papel del sindicato es vigilar, defender y exigir que esos derechos se respeten y se cumplan, no concederlos ni quitarlos.
Ninguna afiliación sindical puede anular derechos que la ley ya reconoce.
La información y la libertad de decisión fortalecen la organización colectiva.
Un sindicato fuerte es el que defiende, no el que intimida.